Me desperté, me caí de la cama,
arrastré el peine por mi cabeza, 
encontré el camino para bajar las escaleras
y me bebí una taza, y mirando hacia arriba 
me di cuenta que estaba atrasado.  
Encontré el abrigo y agarré el sombrero, 
llegué al autobús en pocos segundos, 
encontré el camino de subida por las escaleras 
y me fumé uno, y alguien habló y entré en un sueño.

Del que nunca más desperté.